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Mamen Hernández

Mamen Hernández

Rosalía, el cante flamenco de la modernidad

La cantaora desgrana su trabajo musical, Los Ángeles, en el Circo Price

Rosalía - Los Ángeles

De ella dijo Pepe Habichuela que cantaba como “una vieja”. Si uno escucha su voz, apasionada y cálida, de dulzura en el lamento, entiende por qué Rosalía es la nueva sensación del flamenco. A sus 24 años, la joven catalana interpreta la música saboreando cada palo con una emoción tan propia que ha llamado la atención de los jóvenes y no tan jóvenes.

El pasado 3 de febrero, la cantaora desgranó su debut discográfico Los Ángeles (Universal) en el teatro Circo Price acompañada por Raúl Refree, productor de un proyecto que aborda la muerte sin rodeos, natural y sin prejuicios, con versos que traen a la actualidad cualquier atisbo pretérito.

La cantaora y el productor aparecieron sobre las tablas rodeados de un humo que inundó el escenario. Tras tomar asiento, sonaron los primeros notas de Si tú supieras compañero, tema con el que arranca el disco. Este comienzo da buena cuenta de la muestra del resto de repertorio: una simbiosis de versos y antiguos cantes del folclore flamenco, desde tangos a fandangos, alegrías o seguiriyas.

Rosalía, concierto en Circo Price

Empieza la ceremonia como un sepelio sereno en el que se vela a los muertos. La música continúa con Aunque es de Noche, un tema popularizado por Morente y Habichuela desde el poema La noche oscura del alma de San Juan de la Cruz. Le siguen la dolorida Nos quedamos solitos y las desconsoladas Por mi puerta que no lo pasen y Que se muere, que se muere.

Con su larga cabellera y ataviada con un vestido negro con flores rojas, Rosalía entona sentada junto a la guitarra de Refree, que acaricia y rasga las cuerdas, en calma inicial y con garra a continuación. Agita con poderío cada acorde como si impusiera toques de rock a los palos de flamenco. Es una máquina de hacer música. Irrumpen ahora con Catalina, con el público ya en el bolsillo, aplaudiendo con entusiasmo al final de la canción y soltando algún que otro piropo a la barcelonesa.

Rosalía, con cierta timidez, contesta y continúa desgranando las melodías, desde Llanto de Sacromonte a Que nadie vaya a llorar o Te venero, esta última al piano, con un Raúl que pisa con fuerzas las teclas del instrumento. La cantaora despliega su voz, se lamenta y aclama hasta que finaliza los cantes dejando, incluso, escapar alguna lágrima. A ratos, sostiene el micrófono con una mano mientras con la otra señala al cielo en un intento de grabar en el aire cada palabra que sale de su boca.

Continúa con De Plata bajo las cuerdas de la guitarra española y, como colofón a esta noche de desvelos, Rosalía decide interpretar I see a darkness, el tema que cierra su disco compuesto por Bonnie Prince Billy. La actuación ha transcurrido en un suspiro. Rápida, en duelo, mecida por los cánticos y el arrullo de la música. 

Abanico de influencias

Están los detractores, abanderados del purismo, que consideran a Rosalía una impostora y la acusan de apropiacionismo cultural en su forma de concebir el flamenco. Lejos de las críticas y dejándonos llevar por la emoción de la música, el poderío artístico avala a esta joven que asegura llevar 13 años bebiendo del cante flamenco, interesada en la lírica vocal y en otras influencias variadas que ayudan a configurar en lo que hoy se ha convertido.

Premio Ojo Crítico de la Música Moderna 2017 de Radio Nacional de España, la historia musical de Rosalía, aunque acaba de comenzar, ya cuenta con acreditadas actuaciones. Su colaboración con C. Tangana en el tema Antes de morirme acumula más de 9 millones de reproducciones en Youtube. También ha teloneado a Miguel Poveda e interpretado Cuando nadie me ve en el homenaje a Alejandro Sanz de los Grammy Latino 2017.

Y por si fuera poco, compagina su talento con su perfil de Instagram jugando a marcar tendencia. Aunque algunos ya la han catalogado como la Patty Smith del flamenco o la Lola Flores del siglo XXI, Rosalía rehúye de etiquetas que para ella solo significan una cosa: ponerse límites. Por eso, reivindica cualquier estilo musical, los cultiva y escoge su propio flamenco que, fuera de corsés, transmite su verdad, versátil y evolucionada.

Ha llegado Rosalía, que suenen las palmas.

Rocío Molina, feminidad del cielo al suelo

Rocío Molina desarma el flamenco en su espectáculo Caída del cielo

Rocío Molina

Vi la primera vez a Rocío Molina de casualidad. Saltó al escenario de un concierto de la fabulosa Sílvia Pérez Cruz, con la que participa en el espectáculo Impulsos, una mezcla de música y danza improvisada en la que Rocío Molina deja claro por qué es Premio Nacional de Danza.  

La bailaora, o “danzaora”, como se hace llamar a sí misma, presentó su espectáculo Caída del cielo el pasado 13 de enero en la sala Concha Velasco del Laboratorio de las Artes (LAVA) de Valladolid, hasta el momento para mí, un desconocido. El espacio nos recibe con un espléndido suelo blanco, puro, frente a una pantalla de cine. Al fondo varias sillas inhiestas se alinean junto al grupo de instrumentos que sonarán en la actuación: guitarra, bajo y batería y voz en clave de flamenco. La formación  que acompaña a Molina (Eduardo Trassierra a la guitarra, José Ángel Carmona al cante y bajo eléctrico, José Manuel Ramos « Oruco » a la percusiones y Pablo Martín Jones a la batería, percusión y electrónica) arranca la actuación con un fragmento del Omega de Lagartija Nick y Enrique Morente ante la mirada de mayores y adolescentes y de algún niño con mucho más sueño que inquietudes.

Rocío aparece en escena con un vestido blanco de flamenca, con volantes que se expanden más allá de su falda. Despacio, desliza su cuerpo por el suelo, comedida, y camina descalza. El comienzo es una demostración de que vamos a ver un flamenco diferente, que respeta la tradición en la que fue concebido, pero se escapa y transforma en un concepto innovador. La bailaora se tumba y cae… va de su cielo al suelo y se abraza en soledad al blanco de su vestido, intuida solo por la luna que la observa desde la pantalla. Acto seguido se retuerce y alza las piernas al aire en un vaivén en que contacta con ella misma, se busca y se reconoce en la feminidad hasta finalizar con su cuerpo desnudo, desprendido del vestido.

Al poco se hace el flamenco, pero lejos de los volantes. En su lugar, Rocío se viste con pantalón ajustado y torera mientras taconea, gira, presume y se divierte. No es de extrañar que hasta el propio Barýshnikov se pusiera a sus pies tras verla bailar. Pareciera que puede hacer lo que quiera. Y lo que quiere es mostrar su particular y descarada versión revitalizada del flamenco, donde es capaz de danzar desde el Omega de Lagartija Nick y Enrique Morente a Camarón y en la que tienen cabida desde un sombrero cordobés hasta unas rodilleras o una bolsa de patatas fritas. Rocío cabalga entre flamenco, rock, metal y quejidos, se crece en cada giro y taconea con una elegancia y esmero en los que bien cabe el asombro.

Création de "Caída del Cielo" de Rocio Molina : Entretien et répétitions from Théâtre de Chaillot on Vimeo.

Feminidad y canto a la libertad

Como ella misma confesó, su actuación nace de sus ovarios, algo que queda patente  a lo largo del espectáculo. Rocío danza con una falda enfangada en sangre que menea por el suelo impoluto. La vida misma naciente, su cuerpo, y ella como mujer, haciendo gala de su feminidad, protagoniza un canto a la libertad, la de expresión y de ella misma.

Rocío concibió esta interpretación para el Theatre Nacional de Chaillot en París, en colaboración con Carlos Marquerie, y ahora pasea por diferentes escenarios para dar rienda suelta a su libertad de danza repleta de vanguardismo, frescura y evolución artística. En esa visión, personal y única, a ratos provocadora y desvergonzada, rinde homenajes a sus dioses flamencos y bebe de inspiraciones tan variadas como el poema de Anne Sexton, En celebración de mi útero, o La divina comedia de Dante. Rocío Molina sabe que los más ortodoxos miran con recelo su arriesgada propuesta, pero prefiere no conocer límites y desplegar su concepción artística en un espectáculo mayúsculo que no deja indiferente  a nadie.

El banquete animal

Pablo Messiez desenfunda una versión moderna de Bodas de sangre plagada de instinto y desenfreno

Cartel de Bodas de Sangre“¿Por qué hemos de ir siempre al teatro para ver lo que pasa y no lo que nos pasa?”, con esta pregunta irrumpe el primer presagio de muerte con forma de mujer que deambula por las tablas del Teatro María Guerrero. En este tono interrogativo comienza la propuesta actualizada de Bodas de sangre de Pablo Messiez, un atrevimiento feroz sobre un escenario blanco, tan níveo que escuecen los ojos ante el primer estallido de luz.

La versión del director argentino moderniza la original con una recreación estética de corte cinematográfico mientras juega con recursos lumínicos. Cuadros de color surgidos del techo trocean la sala y crean espacios a modo de habitaciones, vacíos, a la espera de llenarse con la acción.

El texto de Lorca se masca en este montaje tal y como fue concebido, salvo algunas incorporaciones y poemas del autor granadino, como El pequeño vals vienés en la melodía de Leonard Cohen, que también suena en la película La Novia. Asistimos a un desgarro visceral de cuerpos e instinto, donde la razón se esfuma ante el deseo y el desenfreno. No vemos al Lorca del pueblo andaluz, en su versión más dogmática de lamentos y quejidos, aunque de lejos se escuche el galopar de los caballos. Vemos a otra figura viva. Un espíritu contemporáneo que hace de un banquete una celebración alocada, impura, irracional, donde se mezclan danzas etílicas con dosis de cocaína esnifada al ritmo de Bambino.

Adornado en una preciosa escenografía recreada por Elisa Sanz, el elenco de actores se mueve sobre el escenario con voluntad y arrojo. Gloria Muñoz está brillante en su excelente interpretación de madre del novio. Sobresalen también el nervio y pasión en las actuaciones de Carlota Gaviño (novia) y Francesco Carril (Leonardo), mientras que Julián Ortega muestra un novio desprendido de carácter en un trabajo a medio gas. El resto del reparto ensalza la obra y acompaña a la pareja de enamorados: nombres como Carmen León, Guadalupe Álvarez Luchía, Claudia Faci, Estefanía de los Santos, Pilar Bergés, Juan Ceacero, Fernando Delgado-Hierro, Pilar Gómez y Óscar G. Villegas.

El Lorca de Messiez

El Lorca de Messiez, una pieza necesaria, actual y vibrante que también plantea mis dudas: me inquieta el exceso de carne, la generosidad de los cuerpos desnudos, más abierto a la controversia, quizá, que a invitar a la emoción. Lorca no es más Lorca si se muestra la piel. Al mismo tiempo me agrada el riesgo en el escenario, la puesta en escena, el descontrol en un banquete lleno de instintos, que a ratos recuerda a una Última Cena desbocada. Quizá lo que más me desconcierta es algún tinte cómico que, intencionado o no, se cuela entre los diálogos y desequilibra la parte dramática, puede que en una tentativa de aliviar el desgarro.

La recomendamos. Estará en cartel:
Del 18 octubre a 10 diciembre de 2017
Teatro María Guerrero
Horario: de martes a sábado a las 20:30 horas y domingo a las 19:30 horas

 

Sandra Victori, lenguaje visual de interior

Sandra Victori Cuando comenzó sus estudios de interiorismo en la Escuela de Arte de Terrassa, nada hacía pensar a Sandra Victori (1977) que acabaría en el mundo del cine. Pero la vida te regala por azar giros inesperados a los que bien merece la pena agarrarse. Tras ejercer durante varios años su profesión, su hermano le pidió ayuda con algunos de sus trabajos. “Él quería que le echara una mano en sus proyectos. Como interiorista seguro que podrás plasmar tus ideas a mis decorados”, me decía.

Y así, como un favor familiar, conectando su saber y dedicación por la decoración de interiores, Victori dio los primeros pasos que la han llevado a formar parte del equipo de Arte del cortometraje La Culpa, dirigido por David Victori y Ganador Mundial del Primer Festival de Cine de YouTube, organizado con Ridley Scott y Michael Fasbender, en 2012.

Recientemente acaba de ganar el International Fashion Film Festival (La Jolla) y el Berlin Fashion Film Festival como mejor Directora de Arte por  ‘K Woman’ by Kocca. El proyecto presenta publicidad en formato de cortometraje realizado para la firma de ropa italiana Kocca con los modelos Andrés Velencoso y Eniko Mihalik.

Baldosas Rojas habló con Victori sobre su trabajo en la industria del cine. 

Para ser algo que empezaste desinteresadamente, parece que no te ha ido tan mal.
Pues no, ¡nada mal! Estoy encantada del vuelco que ha dado mi vida. Y mucho más porque es algo que nunca planeé y esto me enseña que a veces tenemos que fluir con la vida y dejar que ésta nos muestre el camino que tenemos que seguir. Incluso, aunque insistí por mucho tiempo en que nunca me iba a dedicar a los rodajes, por el tipo de vida que conllevan, he conseguido adaptarlos a la vida que quiero.

¿Cómo definirías la dirección de arte?
Mucha gente no acaba de entender cuál es el papel de un director de arte. Se trata de diseñar el lenguaje visual. Algunos de los equipos que formamos parte de un rodaje tenemos el papel de ayudar a definir al personaje de ficción. Nosotros lo vestimos con el espacio en el que se mueve, lo definimos y sabemos qué muebles van con su estilo y personalidad. Pero también son los pequeños detalles, desde qué tipo de pluma utlizaría hasta qué marca de cigarrillos fumaría. 

En definitiva, es crear un mundo en el que se sumerge este personaje, y esto ayuda a acabar de definir su personalidad. 

¿Cómo encaja tu trabajo anterior de Interiorista en esta industria?
Tengo que hablar de ventajas. Estudiar Diseño de Interiores me aportó muchos conocimientos sobre el espacio, sobre Historia del Arte, Historia del Mueble, Arquitectura, Iluminación… Y en realidad al hacer decorados es como si me hubieran encargado un proyecto de Interiorismo, pero sabiendo que es efímero, que dura lo que un rodaje, que por supuesto, muchos de los materiales utilizados son distintos.

Hacer un proyecto de interiorismo implica también el conocer a tu cliente, que tonalidades, texturas, espacios y muebles encajan con su personalidad y con su estilo de vida. Esto mismo, pasa con los personajes de ficción.

Recientemente has ganado en dos festivales como mejor directora de Arte. ¿Qué te han aportado estos premios?
Trabajo como Directora de Arte de Hunter & Gatti. Fotógrafos con gran talento y muy conocidos tanto a nivel nacional como internacional. Mi primer trabajo con ellos, me ofrecieron ser Directora de Arte de una publicidad que querían hacer para Kocca, firma de ropa italiana. Se trataba de una publi en formato de cortometraje, un relato a lo Psicósis donde en este caso, toda la fuerza recae sobre la mujer.

Los modelos eran Andrés Velencoso y Eniko Mihalik.  Es muy interesante trabajar con grandes profesionales, tanto Hunter and Gatti como productores como dos modelos tan internacionales.

K Woman by Kocca, que así es como se llama la publicidad, ganó el International Fashion Film Festival como mejor Dirección de Arte y el Berlin FAshion Film Festival, el Bronze a Mejor Dirección de Arte. Dos premios que profesionalmente me ayudan a que mi trabajo sea reconocido. Personalmente, una sonrisa todos los días. 

Un lugar donde escaparte
Cualquier sitio me vale, siempre que pueda estar rodeada de mi gente.

Pon banda sonora a un día feliz.
La vida es bella (Nicola Piovani).

Un director con el que te gustaría trabajar.
Wes Anderson

¿Un ingrediente para ser feliz
Mi felicidad consiste en abrazar lo bueno y lo malo de la vida; reírlo, llorarlo, aprender y crecer.

Un defecto
Soy muy impaciente

Una virtud
Mi gran defecto, ser impaciente. En según qué contexto ¡es muy bueno!

Pieza de atrezzo que serías…
Un diván

Puedes ver su trabajo en www.sandravictori.com

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